1 de febrero de 2011

Pensé que mi casa sería arrastrada ladera abajo como un barco´

Antonio Pérez ha perdido su vehículo y llegar a su vivienda es toda una aventura

 


M.G.
SANTA CRUZ DE TENERIFE
Subido a la azotea de su domicilio acompañado por sus perros, gallinas y conejos, Antonio Pérez Lucio, pasó uno de los peores momentos de su vida temiendo que la intensa lluvia arrastrara su vivienda barranco abajo.

"Por unos instantes temí por mi vida", confiesa Lucio aún muy afectado por todo lo que vivió el pasado sábado debido a las trombas de agua que azotaron la Isla el pasado fin de semana, y especialmente a El Draguillo, un pequeño caserío en Anaga.

Este vecino de 52 años lleva más de 25 residiendo en esta zona, y asegura que nunca había visto algo igual. "Ni tan siquiera en las lluvias caídas el 2 de febrero del año pasado", añade.

Lucio permaneció durante tres horas en la azotea soportando la inclemencias del tiempo. Según explica llegó a llenar más de diez cubos de agua en cuestión de minutos. "Del uno al diez en nivel de ansiedad le otorgo un ocho", indica el vecino para recalcar el grado de nerviosismo al que estuvo sujeto durante tres horas. "Pensé que mi casa sería arrastrada como un barco ladera abajo", cuenta.

Antonio Lucio, en medio de la desesperación, decidió subirse a la azotea, aunque tras comprobar que la intensa lluvia no amainaba quiso hacer uso de su vehículo para escapar de aquel barrizal. Desechó la idea tras dar cuenta de que la carretera estaba en condiciones intransitables, por lo que abandonó el coche y se puso unas botas altas, cogió a sus perros en brazos y se adentró montaña arriba para intentar llegar al pueblo de Benijo.

Tras caminar alrededor de un kilómetro, distancia que existe entre su domicilio y el núcleo poblacional más próximo, corrió a refugiarse en la vivienda de su buen amigo y presidente de la Asociación vecinal Amigos de Anaga, Guillermo Borges. "Cuando lo vi llegar se me cayó el alma a los pies", comentó ayer Borges.

El vecino se encuentra ahora con lo puesto, camina desamparado ayudado por su pequeño palo de pastor, sus perros y una mochila que lleva a cuestas. Lamenta que las autoridades no se hayan interesado por su estado y no le hayan atendido las necesidades básicas.

Su vehículo se quedó sepultado tras los cientos de rocas que le cayeron encima y tan solo se puede entrever algo de la chapa del mismo entre la tierra y el lodo.

El grupo electrógeno que suministraba electricidad a todo el domicilio fue arrastrado por el agua, por lo que demanda ayuda para que le repongan uno nuevo. Lucio se encuentra en situación de desempleo desde hace años y logra vivir gracias a la ayuda del Estado de 420 euros mensuales que perderá en breve, dado que ésta va a desaparecer. Reside solo en la casa de El Draguillo desde que su mujer falleció hace apenas unos meses y echa en falta el apoyo de los servicios sociales.

Se queja de que desde el sábado no ha recibido ni tan siquiera una llamada para prestarle ayuda. "Ayer me llamaron desde el Ayuntamiento pero no se han dignado a verme ni a traerme algo de comida", comenta. El afectado demanda pilas para poder cargar la linterna que le guía en la oscuridad hasta su casa, velas para alumbrarse ya que por ahora continua sin luz y avituallamiento para unos días.

"Aquí no ve nadie nada, solo cierran los ojos o miran para otro lado donde encuentren menos carencias", indica Lucio.

A pesar de los desprendimientos y la peligrosidad del terreno de la carretera de acceso, el vecino transita a diario esta vía. Vive entre su casa y la de sus amigos y el restaurante de Paca, hasta donde acude a cargar la batería del móvil que lo mantiene comunicado.

Pero Lucio no solo tiene palabras de crítica, sino también de agradecimiento a aquellos que le han prestado cobijo y ayuda. Reconoce la gran labor del jefe de obra, Evaristo Rodríguez, que ha trabajado duramente por despejar la pista para que pueda acceder a su vivienda y a sus amigos por suministrarle algunos alimentos.

Los otros dos residentes de El Draguillo se encuentran en buen estado pero ahora les preocupa a los vecinos de Benijo el paradero de Tomás y Francisco, dos hombres de unos 50 años que residen en el caserío próximo de Palmas de Anaga de los que no saben nada desde el pasado miércoles, antes de que arreciaran las lluvias a la zona. "El móvil no esta operativo pero confiamos en que estén bien", resalta Nieves López, secretaria de la agrupación vecinal Amigos de Anaga.